Una patria llamada dinero

Artículo de Miguel Urban Crespo para 20 Minutos

A pesar de las reiteradas proclamas patrióticas con las que se llenan la boca los principales partidos políticos, las empresas multinacionales y multimillonarios a quienes rinden pleitesía no tienen más patria que el dinero. Filtración tras filtración descubrimos nuevos nombres de corporaciones, famosos o políticos que utilizan empresas offshore o pantalla para ocultar su verdadero patrimonio en guaridas fiscales al margen de las obligaciones tributarias. Y decimos “guaridas”, por no decir directamente “cloacas”, porque llamarlas “paraísos fiscales” sería aceptar la gramática de la misma minoría peligrosa para quienes esos lugares resultan paradisíacos.

Gracias a estos lugares donde la lex mercatoria impera sobre cualquier otro derecho, a la ingeniería contable y a recovecos legales, un puñado de privilegiados ha encontrado numerosas fisuras para ocultar o disimular una proporción sustancial de sus fortunas. Y hoy todo el sistema hace aguas por esas grietas. La evasión o elusión fiscal de las grandes fortunas y empresas está en el corazón tanto del vertiginoso aumento de la desigualdad en todo el mundo como de la tendencial carestía financiera de los Estados. Se estima que en toda la UE se pierde cada año un billón de euros en recaudación tributaria por este motivo. El equivalente al PIB de España. Algo especialmente obsceno en estos años de crisis en los que desde las instituciones europeas se pedían esfuerzos a la mayoría de la población para que aceptasen recortes de derechos e ingresos a cambio de “salir entre todos” de la crisis.

Pero las grandes fortunas no solo no han contribuido a ese esfuerzo, sino que han acelerado su concentración de poder y de riqueza, en gran medida gracias al entramado mundial de guaridas fiscales. El resultado es de sobra conocido: la captura y perversión de las instituciones y de las agendas públicas a manos de los poderes financieros para ponerlas a su servicio. Una tendencia donde el aumento de la desigualdad se retroalimenta con el secuestro de los procesos democráticos por parte de las élites. Porque la evasión fiscal es un gran agujero negro que traga democracia y equidad y que, lejos de ser un fenómeno coyuntural, constituye un elemento estructural del capitalismo líquido de nuestra época. Porque nunca ha habido tanto dinero en guaridas fiscales como ahora. Economistas como Gabriel Zucman calculan que el volumen podría ascender a 7,6 trillones de dólares ocultos en lugares como Suiza, Luxemburgo o Singapur. Difícil imaginarse semejante cantidad de dinero. Lo cual, entre otros efectos, nos hace subestimar el verdadero grado de concentración de la riqueza en curso.

A pesar de que todos estos datos eran de sobra conocidos, ha tenido que ser el impacto mediático y social generado por filtraciones como la Lista Falciani, Luxleaks, Papeles de Panamá o Papeles del Paraíso lo que ha obligado a las autoridades europeas a escenificar su supuesta lucha contra la evasión fiscal. En el Parlamento Europeo se han abierto estos años diversas comisiones de investigación sobre estas escandalosas filtraciones. Yo fui miembro de la que investigó los Papeles de Panamá (comisión PANA) y desde entonces de su continuadora (TAX3) que precisamente hoy presenta su informe final de recomendaciones en el pleno de Estrasburgo.
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